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miércoles, 14 de agosto de 2013

La Casa Embrujada:

Había una vez, un chico llamado Richard. Era un pibe muy bueno. Vivía en una casa con su familia: su papá, mamá y dos hermanos menores. Uno de un año y el otro, recién nacido.
Richard tenía 15 años, trabajaba repartiendo diarios. Iba al colegio a la mañana y a la tarde trabajaba, y toda la noche la pasaba con su familia. Richard tuvo una semana estupenda y esperaba lo mismo por el viernes. Ese día, Richard se levantó para ir al colegio y se fue a bañar mientras se baña, escuchaba que la mamá lo llamaba. Cuando terminó de bañarse, fue en búsqueda de sus padres, por toda la casa. Y no encontró a nadie. Se preocupó y pensó que salieron y él se fue al colegio. Cuando volvió tampoco encontró a nadie, y entonces se acostó una hora para ir a trabajar. Mientras dormía soñó que la casa se tragaba a sus padres y hermanos, que los arrastraba hacia el sótano y él habría la puerta del sótano y no había nada.
Entonces se levantó y le agarró curiosidad por saber dónde estaban sus padres. Los buscó y nunca los encontró. Él no se animaba a acercarse al sótano. Pasaron dos días y Richard no salía de su casa. Sus padres no aparecían. Hasta un día, él escuchó una voz que venía del sótano y fue hacia ahí.
Se paró en la puerta y entonces la puerta se abrió sola. Él miraba hacia adentro y no veía nada. Era tal como en su sueño, hasta que algo inexplicable empujó a Richard adentro del sótano y la puerta se cerró con fuerza y Richard desapareció. Nunca se supo más nada.

Luis Armando Guerrero, 3° 2°, T. N.

La Bufanda de los Sueños

Al nacer un sueño se revela un hijo de nuestra camiseta o jersey y se bambolea... listo para volar.
Rocío no lo sabía. Simplemente le gustaba arrancarlos de las prendas de quienes apreciaba. Quería hacer algo especial con ellos.
Del ovillo hizo una bufanda, al usarlo empezó a vivir los sueños de los demás.
Experimentó aventuras insospechadas y aunque la extasiaban, le producían tristeza. Sus propios sueños no tenían cabida. Deshizo la bufanda y devolvió las hilachas, pero ya nadie quiso perder su tiempo en asuntos improductivos.
Rocío viajó a horario y se llevó algo a la casa de su abuela y llevó los hilos, y llegando allí se fue directo al mar a tirar los hilos, porque ya no la dejaban dormir. Llegó a la casa de la abuela y le comentó lo que le pasaba la Abuela.
Ella le dijo que hace 43 años le pasó exactamente los mismo y le decía que Rocío tenía que ir a una mina a buscar una roca que no era una roca cualquiera, esa roca la tenía que moler y con esos trozos poner en una bañadera con agua tibia y pasar adentro de un bañadera una noche. Porque lo que tenía ella era una brujería. Lo mismo que le pasó a la Abuela y Rocío hizo lo que la Abuela le dijo y al día siguiente, apareció en su cama con otra visión. Como que la brujería ya había acabado y fue así.
Luego de una semana, volvió a Buenos Aires y siguió con sus estudios en la semi-serenidad.

Daiana Ayala, 3° 2°, T. N.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Nunca es muy tarde:

Lunes, 10 de Junio, como todos los días, me levanto muy temprano a la mañana, a las 7.00 am.; pero este día en especial, me levanté muy tarde y no pude llevar a mis hermanos al cole. El día continuaba y puse música a todo lo que da, inmediatamente me dispuse a limpiar la casa, mientras esperaba la comida que preparaba mamá.
Después de almorzar, entré a bañarme para ir a buscar a mis lindos hermanitos, cuando en eso, escucho un ruido muy fuerte o muy lejos de donde yo vivía. Pero yo, Sergio seguía mi rutina diaria.
Después de bañarme, me alisté y me acosté y me dormí un largo tiempo. Entonces salí apresuradamente hacia la parada; algo se me hacía muy raro o era yo el que iba lento o la gente iba muy rápido. Lo más raro fue que no había un sólo vehículo por la calle. Cuando de pronto empecé a correr hacia el colegio y después me di cuenta que tenía mis zapatillas, cuando en eso, de pronto veo algo brillante. Me acerco hacia el y era nada menos que unas zapatillas que me calzaban justas. Al tratar de caminar, me di cuenta que iba más rápido de lo habitual, casi como un avión; o incluso algo más rápido me dirigí así al colegio.
Al cruzar la puerta estaban mis hermanos solos los tomo de la mano y voy rápidamente a casa. Al entrar, estaba todo muy distinto. No había luz. Al entrar, encendí una linterna al llegar a la habitación, escuché un ruido muy raro en la cocina. Al dirigirme era algo brillante, como las zapatillas. 

Eric Calderón, 3° 2°, T. N.

Mi Visitante, el Lobizón:

Un día normal como siempre, después de llegar del colegio, me encontré con mi casa toda desordenada. Empecé a limpiar pensando que había entrado un animal. Al día siguiente, me pasó exactamente lo mismo; entonces, cerré con candados todas las ventanas. Este fin de semana no pasó nada. Así que para mí, definitivamente era un animal. Llegó el lunes, cerré todo y cuando llegué, me encontré con la misma situación.
Ya empecé a dudar de que alguien buscaba algo. Así que puse cámaras en la cocina y sólo se veía que un perro entraba por las tardes a la misma hora, así que, el miércoles falté y me quedé escondida.
Era un Perro, pero al salir se convirtió en un hombre.
Me sorprendí tanto que al querer acercarme, se convirtió en un perro y se fue.
No supe qué hacer, así que vendí la casa pero no me olvido más de ese día; Así que cada vez que me cuentan esas historias, les creo, porque yo lo viví.

Ainara Aballe, 3° 2°, T. N.

Viaje hacia la Muerte:

El tranquilo viaje al colegio de Alexander y sus compañeros se convirtió en una pesadilla, ya que sus hermosas calles estaban repletas de trampas mortales y al acercarse al colegio el peligro era peor.. El joven Alexander explica lo que pasó y le pide al conductor que se detenga, y tanto él como sus compañeros se le ríen y no le hacen caso.
El joven intenta bajar del vehículo y no puede. Al acercarse más y más al colegio, sus compañeros empiezan a morir por causa de las trampas y por no haberle hecho caso a su compañero que advirtió lo que estaba sucediendo.
Mientras los cuerpos de algunos jóvenes se deterioraban a causa del ácido que salía de sus asientos, Alexander evadía las trampas que fueron colocadas.
Para no ser acusado, decide matar al conductor de un hachazo y prende fuego el colectivo con sus compañeros muriendo ahí adentro.
Mientras está escapando en un camión es embestido por un colectivo el cual lo hace salir volando del vehículo y al caer su cabeza se desprende de su cuerpo y muere.

Autores: Carla Herrera y Ezequiel Herrera, 3° 2°, T. N.